Discurso desde mis miedos y alegrías
Reconozco en público que este año ha abierto en mí una especie de caja de pandora: de terrores nocturnos, los aviones, el cambio climático, todas las enfermedades, ir en cualquier transporte público, volver sola a casa, no saber si soy fértil o si por el contrario seré buena madre, no saber si mañana la vida me elegirá para levantarme de nuevo...
Veo esta lista y pienso que todo esto en una cabeza es inabarcable, pero está pasando, es real. Desde este año algo en mí y en mi entorno más cercano ha cambiado. Hace unos años, eran otros problemas los que me mecían por la vida, este año, es la cara más desconocida la que nos ha abrazado fuertemente.
Y si miro a mi alrededor, pese a todo este caos que siento internamente, sólo puedo que dar las gracias a este 2019 por esta revolución, porque pese a que todo ha sido tan difícil, ha sido una constante zancadilla... he visto lo fuerte que nos hacen las circunstancias y que, aun así, hay un espacio para la vulnerabilidad, la gran olvidada en nuestra sociedad y que, sin embargo, el darnos un momento para conocer nuestra naturaleza débil, también nos sirve de conexión con nosotros.
En el ser humano se dan cabida sus dos versiones, no lo olvidemos.
Si me detengo a sentir, veo que vivo con más intensidad desde que todo ha cambiado ferozmente, que vivo sin querer dejar sueños sin cumplir o al menos intentar, que diré más veces un te quiero, disfrutaré mucho más un paseo por el bosque...que no me importa si no consigo viajar al otro lado del mundo, porque estaré disfrutando el aquí y ahora con lo que tengo, que es mucho.
Gracias 2019 por hacernos descubrir que tenemos mucho más de ellas con nosotras de lo que imaginábamos; gracias por demostrarnos que su amor es eterno y que traspasa hasta las barreras de allá donde están, porque las sentimos aquí.
Gracias por enseñarnos tanto, por redescubriros para nosotros desde tan lejos...os queremos infinitamente, mamá y tía.
-Marazpu.
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